Un niño sin límites es un niño sin frenos

Hay padres que consideran que al niño no se le debe poner límites (mientras no peligre claramente su integridad), porque así experimentarán su entorno y descubrirán cosas nuevas.

Luego están aquellos padres que son muy restrictivos y se anticipan a cualquier peligro. Aquellos que por si acaso, enseguida les frenan para evitar posibles consecuencias (una caída, un golpe, que rompa su juguete, etc.), estos serías los padres conocidos como sobreprotectores.

Pero los extremos nunca fueron buenos, no hay que ser ni muy restrictivos, ni muy permisivos. Se ha de buscar un término medio que permita al niño jugar y experimentar con su entorno, hasta un cierto grado y dentro de unas normas de conducta. Estas normas vendrán definidas según la situación donde se encuentre el niño y según nuestras creencias aprendidas de lo que entendemos nosotros como correcto o incorrecto.

Por ejemplo, es bueno que un niño juegue a pelota y se divierta si, ¿pero debe hacerlo en los pasillos de un supermercado?, es obvio que ese entorno no es adecuado para jugar a pelota, porque puede caerle algún producto de la estantería o golpear a otra personas del supermercado. En este caso tendremos que enseñarle y decirle que ahí no puede jugar y ofrecerle una alternativa como puede ser el parque.

Nos centraremos en aquellos padres que son permisivos en exceso. Los padres que suelen dar demasiada libertad a su hijo, puede ser por dos motivos:

A) Porque son padres que han tenido una educación muy restrictiva.

B) O porque son padres que se sienten mal cuando le niegan algo a su hijo.

En el primer caso, son padres que tuvieron una infancia con poca libertad y por lo tanto no guardan un buen recuerdo. Por este motivo, como no quieren que sus hijos pasen por lo mismo, los educan con demasiada permisividad. Hacen un cambio de 180 grados y pasan a ser permisivos en la misma proporción que sus padres fueron restrictivos con ellos. Pero si decíamos que los extremos no eran buenos, aplicar justo el polo opuesto tampoco sería correcto para el niño. Tan malo es decir muy a menudo esto no, aquí no,… como no decir casi nunca, no y permitir que el niño haya y deshaga a su gusto.

El segundo caso, aunque suele ser más habitual en madres, también hay padres que les cuesta decir no, cuando es necesario. Suelen sentirse mal cuando no acceden a las peticiones del niño y si no consiguen lo que quieren. Esto tiene un riesgo, ya que si el niño descubre que su madre se siente mal, intentará sacar provecho de la situación. Si nota que la madre se siente culpable, sabrá exactamente qué hacer para conseguir lo que quiera (un caramelo, un juguete, quedarse más rato en el parque, etc…)

Hace poco tuve el caso de una niña de cuatro años, que cuando quería algo, directamente le decía a su madre mientras lloraba: “Es que tu no me quieres”. Y claro, la madre se sentía fatal y accedía a todas sus peticiones. Esto no ocurría con el padre, que tenía muy claro que si lo que la niña quería no podía ser, se lo hacía saber y su hija no insistía más.

Primero hicimos un trabajo con la madre para conseguir desbloquear ese sentimiento de angustia y de culpabilidad cuando no le daba a su hija lo que pedía, ya que ese era el primer paso para que la madre pudiera empezar a aplicar pautas. Solucionado esto, la madre con ayuda de pautas aprendió a gestionar las rabietas de su hija, hasta que la niña aprendió que con lloros, enfados y rabietas, su madre no daba su brazo a torcer y ya no conseguía nada. Ahora la madre no se siente culpable si no accede a las pretensiones de su hija y sobretodo siente que está atendiendo la educación de su hija de manera correcta. La relación entre ellas es mucho mejor, son capaces de compartir más momentos bonitos y menos rabietas desproporcionadas.

En el titulo de este post ya lo digo, un niño sin límites no tiene freno. ¿Cómo puede saber el niño lo que hace bien o no, si no lo guiamos nosotros? No podemos enseñarle lo que está bien o mal, si las conductas no apropiadas no se las corregimos. Las conductas correctas se han de recompensar de alguna manera (mi opinión es con más afectividad y con menos cosas materiales: un abrazo, una caricia, un beso o un alago) y del mismo modo, las conductas incorrectas hemos de enseñarle que no son buenas, para que vaya aprendiendo. Eso sería educar a muy groso modo. Refuerzo positivo versus no refuerzo positivo.

A menudo hay madres que me dicen, “es que en la guardería o cole no lo hace, solo lo hace en casa”. El motivo no es otro que en la guardería o en el cole aplican unas normas y en casa esas normas no se aplican o se aplican de manera incorrecta y por eso no se consigue el objetivo deseado. Pongamos un ejemplo: el niño que no come sentado y para que coma la madre ha de ir con la cuchara detrás del niño por casa.

El niño de entrada no sabe si lo que hace está bien o mal, para el niño es un juego y se está divirtiendo junto con su madre mientras come. Deberíamos explicarle al niño que en el momento de la comida, hemos de estar sentados junto a la mesa y cuando terminemos podremos hacer otra tarea como jugar, pintar, leer un cuento,…

Pensar que poner límites, es bueno para el niño porque le estáis enseñando el camino que ha de seguir. Sin límites el niño en un restaurante se levantará y se pondrá a correr entre las mesas, si se lo permitís. Cogerá un tenedor y lo lanzarlo para divertirse, si no sabe que eso no debe hacerlo, empujara a un niño para quitarle la pelota o cruzará la calle aunque el semáforo este en rojo. En ocasiones hemos de poner límites, no podemos hacer como si nada pasara, a ver si se olvida y deja de hacer esa conducta inapropiada. Seguramente dejará de hacerla si, y empiece otra tarea distinta, pero como no le hemos explicado que eso no debe hacerlo, cuando le apetezca volverá hacer esa misma conducta inapropiada.

Poner límites no significa ser exigente, sino enseñar al niño que conductas son apropiadas y cuáles no.

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