El Vínculo afectivo

Según la RAE este define el concepto vínculo como «la unión de una persona o cosa contra otra”. Extrapolándolo al concepto de “vínculo afectivo”, podríamos entender este último como la unión hacía otra persona, pero no a una persona sin más, sino a una persona realmente “significativa” para nosotros. Una persona con la que hemos tenido una relación concreta y que la consideramos una persona importante. Mediante esta relación establecida entre ambos y más profunda, daría lugar a la “vinculación afectiva”.

1. Introducción
2. ¿Qué barreras obstaculizan el desarrollo del vínculo afectivo?

3. Algunas sugerencias para mejorar la vinculación:

a) Saber escuchar a nuestros hijos es la clave
b) La empatía parental
c) El concepto de Resiliencia parental
d) Aprender a hablar de nuestros sentimientos y emociones
e) Ser coherentes
f) Fomentar los estilos democráticos
g) Incrementar los tiempos de ocio juntos

1. Introducción

En la actualidad y con frecuencia, los motivos de consulta que a los padres les preocupan en referencia a la educación de sus hijos, tienen su origen según sus vivencias familiares. Casos frecuentes son; cuando el niño reclama constantemente la atención de los padres, el niño que es oposicionista, el niño que a menudo enferma, el que sin razón aparente empieza a sacar malas notas, etc. Estas situaciones pueden ser debidas a un malestar emocional en el niño o la sensación de desatención afectiva que el niño no sabe cómo expresar o exteriorizar.

La salud mental de los niños y adolescentes (también adultos) está determinada en gran parte por la cantidad y calidad de las relaciones afectivas que los padres han ido construyendo con ellos desde edades muy tempranas. Este aspecto es de vital importancia, por este motivo los padres tendrían que reforzar dichas conductas y fomentar actividades con sus hijos y en familia para fortalecer el vínculo afectivo.

2. ¿Qué barreras obstaculizan el desarrollo del vínculo afectivo?

• El factor tiempo
• La separación de los padres, los malos tratos, problemas económicos,…
• La poca atención afectiva que recibieron los padres les lleva a aplicar el mismo patrón con los hijos

Cada niño es un mundo y cada uno afrontará según su personalidad, las situaciones a las que se enfrente. Según su manera de ser exteriorizarán su malestar o desatención afectiva de manera distinta. Si somos capaces de fortalecer los vínculos afectivos, aún en situaciones difíciles, conseguiremos reducir el riesgo de problemas emocionales y de conducta en un futuro.

3. Algunas sugerencias para mejorar la vinculación

Ante todo hemos de ser conscientes de que para crear unos lazos afectivos saludables con los hijos, no sólo es cuestión de dedicar más tiempo, sino que durante dicho tiempo la relación sea de calidad, en ambas direcciones ( padres hijos), con una comunicación fluida y dónde se fomente la expresión de los sentimientos.

a) Saber escuchar a nuestros hijos es la clave.

Aunque lo que nos explique como adultos nos puede parecer algo anecdótico sin más, para él como niño que es, le resulta importante compartirlo con los padres. Debemos tener tiempo para escucharle, de esta manera le estamos lanzando un mensaje potente: “Tus padres están ahí para escucharte y ayudarte en lo que necesites”.

En la etapa de la adolescencia, si previamente los procesos de vinculación se han establecido correctamente, el adolescente será capaz de verbalizar sus emociones y sentimientos y buscar el consejo de los padres cuando lo requiera.

b) La empatía parental

Es la capacidad de percibir los signos emocionales del niño que manifiesta según sus necesidades de atención afectiva y saberles dar la respuesta correcta por parte de los padres.

Uno de los obstáculos que se suelen encontrar los padres para dedicar tiempo a escuchar a sus hijos, es que dedican buena parte de su comunicación a recordarles o reprenderles las normas de conducta que se espera de ellos. Marcar conductas y diferenciar entre lo correcto-incorrecto o lo aceptable-inaceptable es muy sencillo. Pero si no sobemos interpretar sus actos o manifestaciones en clave emocional, es probable que no se sientan comprendidos, y en consecuencia no solucionemos el problema. Este aspecto es de vital importancia durante la adolescencia.

c) El concepto de Resiliencia parental

La Resiliencia es la capacidad de las personas y también de los niños, para afrontar las situaciones y circunstancias que se interpongan en el camino. Las personas con Resiliencia frente a situaciones adversas, son capaces de mantenerse firmes y en equilibrio mental.

Los padres resilientes también deben ser capaces de transmitir a sus hijos que el crecimiento y el desarrollo de las personas y el de ellos, pasan por una serie de etapas que forman parte de la vida y que algunos les provocarán dolor y frustración, pero que si confían en sus propios recursos y el apoyo de los suyos, podrán salir adelante.

d ) Aprender a hablar de nuestros sentimientos y emociones

Debemos enseñar a nuestros hijos a identificar sus emociones para que así puedan afrontarlas debidamente. Para ello debemos prestar atención y atender a lo que hace cada día (ir al colegio, ir de excursión, etc.) pero sobretodo atender a cómo se ha sentido en las diversas situaciones (triste, alegre, enfadado, rabioso, etc.)

Hablar de forma natural sobre sus sentimientos ayuda a construir una personalidad más sana. No se trata de hacer un “interrogatorio” diario, sino de permitir que exteriorice sus sentimientos y se exprese tal y como lo siente, sobretodo en situaciones que se requiera (por ejemplo: si un día observamos que ha llorado en el cole)

Un buen momento para hablar de las emociones puede ser después de un berrinche o rabieta, pero no inmediatamente después, sólo cuando se le haya disipado el enfado y vuelva a su estado normal. Lo ideal sería dedicar un tiempo habitualmente que podría ser antes de ir a dormir, a modo de evaluar cómo le ha ido el día, conversar sobre cómo se ha sentido y compartir sentimientos.

e) Ser coherentes

La primera referencia de los hijos son los padres, al menos hasta la adolescencia. Por lo tanto hemos de dar ejemplo a nuestros hijos, si exigimos a nuestros hijos comportamientos que nosotros mismos no cumplimos, crearemos dudas y desorientación. Respecto a la educación, es importante dejar al margen las diferencias con la pareja y consensuar una actuación común hacía ellos.

f) Fomentar los estilos democráticos

Este estilo educativo se denomina “democrático” y se considera el mejor según algunos estudios, se caracteriza porque el niño se siente querido y aceptado, pero también entiende que hay unas reglas de conducta que deben cumplirse, así como las creencias que sus padres consideren que deben seguirse. Como padres debemos ser generosos con ellos pero a la vez, establecer límites claros a las demandas de nuestros hijos. Si no establecemos una serie de límites, el niño tendrá la percepción que él tiene el control sobre nosotros y que no tiene por que renunciar a sus demandas. Reforzar la vinculación y proporcionarles afecto no significa ceder en todas sus demandas.

g) Incrementar los tiempos de ocio juntos

Dedicar más tiempo con los hijos, significa compartir espacios comunes de juego y de comunicación, si no se dan estas dos premisas, no sirve de nada incrementar el tiempo juntos. Los lazos afectivos se potencian mediante los juegos en familia, de la lectura de cuentos si son niños, tras conversar sobre temas de su interés, etc. Este tiempo se pretende que sea para fomentar la comunicación, ya que gran parte del tiempo se suele dedicar a ver la televisión y a permanecer conectados a las nuevas tecnologías

«El éxito como personas de nuestros hijos en un futuro no dependerá de lo que les hemos podido dar materialmente, sino de la intensidad y calidad de las relaciones afectivas que hemos sido capaces de construir con ellos desde la infancia.”

 

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