El duelo de los niños

La muerte de un ser querido forma parte de la vida y nos puede afectar independientemente de la edad que tengamos. Los niños pueden sufrir la pérdida de sus abuelos, tíos u otros familiares más cercanos como padres o hermanos. También se consideran situaciones de duelo, el cambio de casa, de colegio, la muerte de una mascota o la separación de los padres. Ni los familiares ni los profesores pueden evitar el dolor que los niños sienten, ya que los sentimientos que se generan en situaciones de duelo, son normales y deben ser procesados. Pero los adultos si pueden ayudar a los pequeños a vivir el duelo de una manera adecuada. 

Perder un ser querido es una situación difícil, pero aún más para los niños. Los niños dependen de los adultos durante los primeros años de su vida, (alimentación, protección, etc.) por eso para ellos la pérdida de una figura cercana es una pérdida a nivel afectivo, de cuidados, de una fuente de seguridad, protección, etc. Además, según la edad y su desarrollo cognitivo-afectivo, el niño puede tener dificultades para entender la situación.

¿Cómo podemos ayudarles?

  • Los niños necesitan entender qué es la muerte. Antes de nada tenemos que saber que información tienen al respecto y luego darle información concreta y adecuada para su edad.

  • Además, los niños necesitan sentir que pueden preguntar sobre aquello qué genere curiosidad o sobre aspectos qué le preocupan.

Para comprender la muerte, hay que entenderla como un hecho inevitable, irreversible y universal. Hasta los 5 años, es difícil que entiendan el concepto de muerte, ya que es a partir de esta edad cuando reconocen claramente entre separación temporal y separación definitiva. 

  • Los niños pueden expresar de varias formas las emociones provocadas por una pérdida. Pueden expresar la tristeza llorando, manifestar la rabia a través de comportamientos no adecuados como peleas, malas contestaciones, etc., pueden tener retrocesos en aprendizajes previamente adquiridos (control de esfínteres, etc.)

  • Llorar cuando un ser querido se ha marchado en una reacción normal y sana. Los adultos no debemos evitar que el niño exprese lo que siente. En cambio podemos ayudarle generando un espacio para que exprese sus emociones, ya que necesita exteriorizarlas. Cualquier pérdida es dolorosa y no existe ningún consuelo, pero si les acompañamos, estamos presentes y le mostramos afecto, le será más fácil digerir el proceso.

  • Resulta muy positivo para los niños ofrecerles la posibilidad de despedirse de la persona fallecida, ya sea en el funeral o mediante otros rituales. Lo que al niño le produce dolor no es el funeral sino la pérdida. Impidiendo que asista no evitamos el dolor, sino que impedimos que se despida y comparta su tristeza con el resto de familiares. Es importante prepararles con una explicación para qué sepa en que consistirá, como serán las posibles reacciones de la gente, etc. Esto le permitirá sentirse más seguro en dicha situación.

Una vez terminados los rituales, es importante transmitir a los niños la importancia de retomar el día a día, las rutinas, volver a jugar, a reírse,… Si los adultos vuelven a la normalidad sin olvidar a la persona fallecida, servirán como modelo a seguir para los pequeños. Para que la familia retome su vida, puede pedir apoyo a otros familiares o amigos, para que les ayuden mientras la rutina y los sentimientos se recolocan de nuevo, pudiendo establecer momentos o lugares donde recordar al ser querido.

  • Los profesores también pueden colaborar trabajando con el resto de la clase lo que significa la muerte y explicando las formas más adecuadas para recibir al pequeño.

¿Cuándo es necesaria la intervención de un profesional?

A veces para ayudar al niño a procesar la pérdida de un ser querido, es necesaria la intervención de un profesional. Algunos comportamientos que sirven como indicadores del duelo patológico son: 

Gran tristeza que provoca un menor interés en las actividades cotidianas.
Al niño le cuesta dormir, comer o estar solo.
Regresión a conductas propias de un niño de edad inferior.
Conducta de imitación de la persona difunta.
Deseos de irse con la persona difunta.
Disminución del interés por jugar o de estar con los amigos.
Negativa a ir a la escuela o disminución persistente del rendimiento académico.

Recordar que el duelo es un proceso que necesita un periodo de tiempo para ser superado, se considerará un problema cuando estas conductas persisten en el tiempo, produciéndose un aumento de las mismas en intensidad o frecuencia.

Os recomiendo la siguiente guía elaborada por la fundación “New York Life”. Un excelente recurso que puede ser de gran utilidad en caso de duelo:
«Después que muere un ser querido – Cómo enfrentan el duelo los niños»


Algunos libros Sobre duelo infantil:

¿
Dónde está güelita Queta?, Editorial Destino.
¿Dónde está el abuelo?,
Editorial El Triciclo.

Sobre enfermedades:
El papá de Mía está raro.
Fufú y el abrigo verde.

La madre de Mark está deprimida.
(según la web de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental).

Los niños necesitan que los adultos les acompañemos durante el duelo con escucha y afecto.

Fuentes:
http://www.magazinedigital.com/salud/psicologia/reportaje/cnt_id/7469

http://www.newyorklife.com/nyl/v/index.jsp?contentId=12101&vgnextoid=8f50ce94229d2210a2b3019d221024301cacRCRD

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